1.5M ratings
277k ratings

See, that’s what the app is perfect for.

Sounds perfect Wahhhh, I don’t wanna

Juana, dime lo que miran tus ojos, dime si surgen de algún lugar oscuro las imágenes que quedaron dormidas en los rincones de tu memoria.

Juana, dime si la luz iluminó algún recuerdo; ¿puedes oírme, Juana?

— papá murió—.

Es cierto, Juana, es cierto y sé que no es fácil aceptarlo. Yo también lo extraño, pero sé que su espíritu sigue vivo en nuestro corazón y en el recuerdo de todos los que lo amamos. La muerte no es el final, sino un comienzo en otro lugar. Y aunque no podamos verlo ni tocarlo, su presencia siempre estará con nosotras. Así que no te rindas, Juana, sigue adelante con la certeza de que tu padre siempre estará contigo, susurrándote como los ecos guardados por la yerba y guiándote como si fuera las piedras del camino. Y cuando llegue el momento, podrás reunirte con él de nuevo en un abrazo. Pero ahora no te alejes, Juana, no te vayas. Quédate conmigo y juntas recordaremos esas mañanas cuando ibas con tu padre a recorrer la ciudad, y luego nos llevaba a desayunar café con leche y pandebono en esa panadería que tanto nos gustaba.

— eso ya no importa, Juana, papá está muerto y ya no quiero oírte—.

Sí, es cierto, papá murió, pero yo sigo llamándote con la esperanza de que mi voz pueda atravesar la niebla que te envuelve. Quiero que sepas que no estás sola, que yo estoy allí contigo, luchando a tu lado contra ese enemigo invisible que nos acecha. Y aunque no quieras oírme, yo sigo hablando, susurrando palabras de aliento y de amor en tu oído, tratando de transmitirte mi fuerza y mi energía para que puedas resistir un poco más. Y finalmente, después de tanta angustia y toda la incertidumbre, logremos vencer juntas a ese enemigo. Y tú vuelvas a ser la Juana de siempre, la que ríe y canta y baila, la que ilumina con su presencia la vida de todos los que la rodean. Desde que papá murió, desde entonces, te llamo con más fuerza y con más cariño, sabiendo que siempre estaré a tu lado para protegerte, para hacerte sentir que nunca más estás sola. Y aunque no quieras oírme, Juana, mi Juana, seguiré hablando contigo. Porque, aún cuando la muerte haya borrado todo lo demás, yo seguiré viva, acompañándote en cualquier lugar. Y aunque te acerques a la oscuridad, prometo que te llevaré hacia la luz. No te dejaré sola, ¿recuerdas, Juana?, juntas recordaremos el camino de regreso a esos días felices.

Carta a Julieta

15/01/2023

Estimada Julieta,

Con un poco de angustia le escribo esta carta, no sé expresarle los motivos que alimentan esta aterradora tristeza, pero confío en que sepa entenderme, porque usted y yo estamos condenados a sufrir, Julieta, y de mi parte no encuentro consuelo en nada. Ojalá usted estuviera predestinada a salvarme. Alguien decía que la literatura es la forma más agradable de ignorar la vida, y también que los sueños son un refugio que devoran los pensamientos, como un árbol contra una tormenta.

Mirar fijamente al cielo me desborda de sensaciones. Me hace sentir menos solitario. Voy a confesarle que a veces quisiera llorar por cosas inexistentes, por cosas impensables, sin forma, como una noche de lluvia y el ruido sonámbulo de la ciudad que sube sin comprender nada hacia las estrellas, la caída de las gotas por los tejados, el olor a café mal tostado, las calles empedradas llenas de charcos y los cuentos para dormir que arrullan el fondo triste, tan profundamente triste de la noche. Desde mi ventana, la lluvia refresca el claustro de mi sencillo aislamiento, que poco a poco, no sé si con tristeza, rumia la sensación de todavía estar vivo.

A veces, cuando el sueño no alcanza para sepultar mi angustia, camino las calles, los parques y los laberintos de niebla que cubren el reflejo lejano de las farolas mudas de la calle. Cuando caminas en la noche, Julieta, la ciudad se tiñe de un colorido poético involuntario, mientras la mayoría duerme, en el silencio amortiguador de la madrugada todo se vuelve desnudo, abstracto, como hecho de nocturnas sensaciones.

En verdad, no es mucho lo que hay por decir, Julieta, en muchas ocasiones suelo meditar profundamente a través de la noche, sin la necesidad de escribir, pero hoy me sedujo la idea de hablarle, aunque sea vagamente, como simulando hablar, como habla alguien que desprecia la vida y la vive solo para tener algo que despreciar. Tal vez sea por esta sensación que terminé escribiéndole, porque este absurdo, ilógico sentimiento es lo que me salva de lo que venden como real. Me gusta pensar que la vida es un viaje espiritual a través de la materia, por eso el resultado de mis meditaciones son siempre la angustia de mis contemplaciones más intensas. El sueño de esta vida, tan angustiada como es, me lleva al borde de las lágrimas que no se lloran, de esas que se reprimen por causa de una enfermedad del alma y un dolor invisible.

Ahora a dormir, Julieta, arrastrar conmigo las heridas de todas mis vidas y batallas, para nuevamente contemplarme desde el sueño, como si no estuviera allí, sufriendo sin sentir, cansado de otro día y de imaginarme ese otro sueño por soñar.

tuyo,

J.

 Buga, octubre 13 de 2022

Estimado Manuelito,

¿Cuántas cosas han sucedido desde la última visita? A sumercé le escribo estas líneas desde el silencio relativo de mi cuarto, con la necesidad insatisfecha de conversar con usted y formularle una pregunta; de pedirle, en últimas, y como siempre, un consejo que serene mi angustia. Me hubiera gustado no reducir a una carta lo que pudo ser unos tragos, por eso mi resistencia a escribir, pero también por eso le escribo; para que usted me responda esta carta y, de alguna manera, me ayude con la espantosa e insoportable abulia que me da el escribir. Ahora ¿escribir poesía? Eso es mucho peor, por cierto. ¿Usted se imagina la oscuridad que encarna el corazón de un poeta? Raro debe ser el día para un poeta en que, la amarga realidad que lo separa del sueño, le brinde algún consuelo en su desesperación. ¿Qué piensa usted que es un poeta? Yo estoy seguro de que el sol de los poetas es negro, y de noche, en plena oscuridad, son tan inmortales como el demiurgo de una flor que solo se hace visible con la luna. Por eso yo jamás seré poeta, porque no puedo estar al nivel de Esquilo, no puedo, no podría compararme con Homero, Dante, o el maldito de Rimbaud.

Usted mismo me advirtió. Me alertó de Cavafis. De Marlow. Mencionó la preocupación de Mercedes y el miedo que la consumió. Me aconsejó que anduviera con cuidado.

Recuerdo una vez fumando un porro que usted dijo que el humo gris flotaba en sus pulmones tan tibio y acogedor, que le era posible sentir a la madre tierra abrazándole las entrañas. Esas palabras me llenaron el alma de una dulzura melancólica. Esas palabras fueron toda la poesía de un filósofo alucinado. Todo en ese momento fue sublime, el cielo y la ciudad enmudecieron un instante para escuchar esas palabras. De modo que estoy luchando con una tristeza activa. ¿Acaso hay que escribir para ser poeta? ¿Qué opina usted ante eso? En lo personal, a veces me pienso, incluso, como un enemigo de la poesía ¿o era de los poetas? Ni siquiera me voy a molestar en definirlo. Aunque declame versos de memoria. Para mí es lo mismo. No del todo, pero sí en parte. Al fin entiendo por qué usted me advirtió tanto, porque para ser poeta se debe tener una vocación de suicida. Por ejemplo, para Jattin su única compañera fue la poesía, aún así terminó por acostumbrarse las heridas de sus cuchillos. Porque era la única.

En fin, mi estimado Manuelito, espero no preocuparle. Aún en mi resistencia a escribir, por todo lo anterior le escribo, para que, por favor, cuando lea estas líneas entienda que exigen su contestación inmediata.

Mis más afectuosos saludos a Adielita, que la extraño mucho.

Un abrazo,

Jorge.

PD. Papá me comentó sobre su interés en mi investigación sobre Vargas Vila; es inútil, por el momento solo experimento una gran angustia. Siento nunca acabar. Si tuviera el poder, decapitaría su obra sin más, la desaparecería al instante.

incandescent-creativity
incandescent-creativity

image

Hubble’s view of the Carina Nebula, from the 2007-2009 era I think?

image

JWST’s view of the same nebula, July 12, 2022

Cali, junio 21 de 2022

Mi querida Leda

¿Me perdonas, amor mío? 

Hoy estuve pensando toda la mañana en nuestra despedida. Cuando te pienso no hablo, no expreso, mi única preocupación es fabricar fantasías a tu nombre, encendido por las pulsiones más ciegas y primitivas. Por eso soy terriblemente feliz imaginándote en el coito, rodeando tu cuello con mis manos, estrangulándote como un sacrificio en nombre de la pasión libidinal más violenta y desordenada.

Admite, princesa, que el sentirte estrangulada solo puede compararse con el placer de la pequeña muerte, cuando aprietas los párpados y un relámpago dorado alumbra el cielo con su lluvia repentina. Permítete comprender mis razones, por favor, para destruir la inocencia de tu propiedad privada. No te vengues de mí con tu silencio. No sé de qué otra forma comportarme, las prohibiciones me son indiferentes cuando estás cerca. Hermana mía, yo soy como un dios olvidado que exige tu particular obediencia, y vos sos la adicta religiosa proclive a someterse a mi erótica pasión, incluso morir por ella. Yo quiero que te mates, quiero suprimirte y que te arranques las entrañas y los ojos para curarte luego con mi sexo y mis babas plateadas. Por eso soy tu amante, hermana, porque tengo el carácter de un dios adolescente. 

Imagino tu sangre menstrual como el vino de mis orgías. Vino negro que oscurece la boca y niega todo límite producido por los hombres, por las máscaras con las que se cubren los rostros. Forzado mandamiento para los hombres. Yo soy un dios enfermo y sucio, me gusta ser un cisne para lamer tus genitales con toda la animalidad que se manifiesta. Mi máscara es el magma volcánico de tu sexo con el que cubro mi rostro.  Soy la única victima viva de tu Vesubio orgiástico, flagelado por la felación más placentera.

La amo, princesa espartana, la amo entre tantas otras gentes que me aman. No me es posible no forzarla a mi voluntad del deseo sobre su fisiología, igual que resistirse a mis pulsiones es inútil. Anoche la soñé y por eso me es necesario escribirle. Debo decirle que la pienso cada vez más, no hay duda de que la deseo cada vez más, y más, y más en cualquiera de sus formas. Desde la hermana preocupada por el espectáculo público hasta la joven prostituta que va rumbo a la iglesia entusiasmada por su confesión. 

Usted me dijo una vez que le escribiera, aunque fuese la cosa más insignificante. Ya ve cómo, también, me ha dominado, desnudado y mirado desde su antojo perversamente femenino, obsesivo y secreto, como si fuera una exigencia ser violada.

P.D. Desnúdate, princesa griega. Desnúdate en actos masturbatorios, coquetea, transgrede la norma, tu mirada me dice que somos animales.

J

Mi querida señorita:


No debería hablarte de esto, pero ¿qué más podría decirte? Algunas veces siento que no tengo nada que perder, ni nada que ganar. Creo, más acertadamente, no formar parte de nada, por eso escribo poco y no me esfuerzo en hacerlo bien, porque igual todo quedará mal escrito. Mis textos son cosas sin importancia, aforismos amargos sin forma determinada, igual que un pensamiento indiferente cuando estás aburrida. En cualquier caso, todo lo que escribo me sienta bien a mí mismo, pese mi estilo pesimista, agresivo e histérico, la escritura me resulta extraordinariamente saludable. Uno de mis temas favoritos es el suicidio, es una obsesión realmente inmensa. Decía un filósofo rumano que una cosa es pensar sobre el suicidio y otra sufrir su dominio, que escribir sobre él es vencerlo. Y todos en algún momento nos hemos suicidado. A decir verdad, todos podemos experimentar la muerte si vivimos todos los días cautivados por ella. La vida tiene un carácter demoníaco, por eso es casi imposible la existencia. ¿Qué dices tú ante esto? Espero no aburrirte, cariñito, pero te escribo para confesarme, para decirte que todo me parece inútil y aburrido. Yo creo que mi destino es mirarte, solo mirarte de lejos sin darme cuenta de todo lo que nos separa. ¿Qué importancia tiene, si solo hay razones absurdas para vivir? Es un poco ridículo, si se advierte, la odiosa provocación. Medita sobre esto, mi cielo. Por ahora me limitaré a mirarte con fijeza, al menos hasta que tu recuerdo me lo permita.

Quien siempre te sueña,

J

kidgux

Manifiesto Zapatista en Náhuatl

septimamente

Al pueblo de México:
A los pueblos y gobiernos del mundo: 


Hermanos: 
No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder. 
Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos 
aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está 
prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre 
rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada. 
Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos. 

Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos. 

Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia. 

Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio. 

Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios. 

Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergenzas. 

Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro. 

Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos. 

Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas. 

Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos. 

Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido. 

Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras. 

Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción. 

Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias. 

Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa 
del poder y del dinero. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, 
protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos. 

Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con 
apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras. 

Quiere el soberbio apagar una rebeldía que su ignorancia ubica en el amanecer de 1994. Pero la rebeldía que hoy 
tiene rostro moreno y lengua verdadera, no se nació ahora. Antes habló con otras lenguas y en otras tierras. muchas montañas y muchas historias ha caminado la rebeldía contra la injusticia. Ha hablado ya en lengua náhuatl, 
paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, 
matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho, 
izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahíta, ópata, cora, huichol, purépecha y kikapú. Habló y habla la castilla. 
La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de ser humanos. 

Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra.
Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el 
olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren. 

Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido. 

Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria. 


Subcomandante Insurgente Marcos. 
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
 

Recursos de la autodestrucción

Nacidos en una prisión, con fardos sobre nuestras espaldas y nuestros pensamientos, no podríamos alcanzar el término de un solo día si la posibilidad de acabar no nos incitara a comenzar al día siguiente… los grilletes y el aire irrespirable de este mundo nos lo quitan todo, salvo la libertad de matarnos; y esta libertad nos insufla una fuerza y un orgullo tales que triunfan sobre los pesos que nos aplastan. Poder disponer absolutamente de uno mismo y rehusarse: ¿hay don más misterioso?

La consolación por el suicidio posible amplía infinitamente esta morada donde nos ahogamos. La idea de destruirnos, la multiplicidad de los medios para conseguirlo, su facilidad y proximidad nos alegran y nos espantan; pues no hay nada más sencillo y más terrible que el acto por el cual decidimos irrevocablemente sobre nosotros mismos. En un solo instante, suprimimos todos los instantes; ni Dios mismo sabría hacerlo igual. Pero, demonios fanfarrones, diferimos nuestro fin: ¿cómo renunciaríamos al despliegue de nuestra libertad, al juego de nuestra soberbia?…

Quien no haya concebido jamás su propia anulación, quien no haya presentido el recurso a la cuerda, a la bala, al veneno o al mar, es un recluso envilecido o un gusano reptante sobre la carroña cósmica.

Este mundo puede quitarnos todo, puede prohibirnos todo, pero no está en el poder de nadie impedir nuestra autoabolición. Todos los útiles nos ayudan, todos nuestros abismos nos invitan; pero todos nuestros instintos se oponen. Esta contradicción desarrolla en el espíritu un conflicto sin salida. Cuando comenzamos a reflexionar sobre la vida, a descubrir en ella un infinito de vacuidad, nuestros instintos se han erigido ya en guías y fautores de nuestros actos; refrenan el vuelo de nuestra inspiración y la ligereza de nuestro desprendimiento. Si en el momento de nuestro nacimiento fuéramos tan conscientes como lo somos al salir de la adolescencia, es más que probable que a los cinco años el suicidio fuera un fenómeno habitual o incluso una cuestión de honorabilidad. Pero despertamos demasiado tarde: tenemos contra nosotros los años fecundados únicamente por la presencia de los instintos, que deben quedarse estupefactos de las conclusiones a las que conducen nuestras meditaciones y decepciones. Y reaccionan; sin embargo, como hemos adquirido la conciencia de nuestra libertad, somos dueños de una resolución tanto más atractiva cuanto que no la ponemos en práctica. Nos hace soportar los días y, más aún, las noches; ya no somos pobres, ni oprimidos por la adversidad: disponemos de recursos supremos. Y aunque no los explotásemos nunca, y acabásemos en la expiración tradicional, hubiéramos tenido un tesoro en nuestros abandonos: ¿hay mayor riqueza que el suicidio que cada cual lleva en sí?

Si las religiones nos han prohibido morir por nuestra propia mano, es porque veían en ello un ejemplo de insumisión que humillaba a los templos y a los dioses. Cierto concilio beatífico consideraba el suicidio como un pecado más grave que el crimen, porque el asesino puede siempre arrepentirse, salvarse, mientras que quien se ha quitado la vida ha franqueado los límites de la salvación. Pero el acto de matarse ¿no parte de una fórmula radical de salvación? Y la nada, ¿no vale tanto como la eternidad? Sólo el existente no tiene necesidad de hacer la guerra al universo; es a sí mismo a quien envía el ultimátum. No aspira ya a ser para siempre, si en un acto incomparable ha sido absolutamente él mismo. Rechaza el cielo y la tierra como se rechaza a sí mismo. Al menos, habrá alcanzado una plenitud de libertad inaccesible al que la busca indefinidamente en el futuro…

Ninguna iglesia, ninguna alcaldía ha inventado hasta el presente un solo argumento válido contra el suicidio. A quien no puede soportar la vida, ¿qué se le responde? Nadie está a la altura de tomar sobre sí los fardos de otro. Y ¿de qué fuerza dispone la dialéctica contra el asalto de las penas irrefutables y de mil evidencias desconsoladas?

El suicidio es uno de los caracteres distintivos del hombre, uno de sus descubrimientos; ningún animal es capaz de él y los ángeles apenas lo han adivinado; sin él, la realidad humana sería menos curiosa y menos pintoresca: le faltaría un clima extraño y una serie de posibilidades funestas, que tienen su valor estético, aunque no sea más que por introducir en la tragedia soluciones nuevas y una variedad de desenlaces.

Los sabios antiguos, que se daban la muerte como prueba de su madurez, habían creado una disciplina del suicidio que los modernos han desaprendido. Vocados a una agonía sin genio, no somos ni autores de nuestras postrimerías, ni árbitros de nuestros adioses; el final no es nuestro final: la excelencia de una iniciativa única -por la que rescataríamos una vida insípida y sin talento- nos falta, como nos falta el cinismo sublime, el fasto antiguo del arte de perecer.

Rutinarios de la desesperación, cadáveres que se aceptan, todos nos sobrevivimos y no morimos más que para cumplir una formalidad inútil. Es como si nuestra vida no se atarease más que en aplazar el momento en que podríamos librarnos de ella.

Réquiem


Resulta

que ya nada es igual, nada es lo mismo,

que algo se ha muerto aquí

sin llanto,

sin sepulcro,

sin remedio,

que otro aire se respira ahora en el alma,

patio oloroso a humo donde cuelgan

tantos locos afectos de otros días.

Tendría que decir

que ha llovido ceniza tanto tiempo

que ha tiznado por siempre las magnolias,

pero es pueril la imagen y me aburro.

Me aburro dócilmente, blandamente,

como cuando era niña y me tiraba

a ver pasar las nubes,

y la vida

era larga como una carrilera.

Ahora el tren da la vuelta y unos rostros

borrosos me saludan desde lejos:

yo amé a aquel hombre que va hablando solo.

Aquel otro me amó y no sé su nombre.

La tarde se silencia y todos parten.

Soy yo la que hace tiempo ya se ha ido.


Piedad Bonett, Nadie en casa (2006), Un libro por centavos.

La muerte es el aroma de la existencia. Solo ella presta gusto a los instantes, solo ella combate su insipidez. Le debemos casi todo. Esta deuda de agradecimiento que de tarde en tarde consentimos en pagarle es lo más reconfortante que hay en este mundo.

Después de algunas noches de insomnio, debería uno cambiar de nombre, porque ya no se es el mismo. “Sólo es subversivo el espíritu que pone en tela de juicio la obligación de existir.”

Buscar un sentido a lo que sea es obra de un masoquista. Sólo en la medida en que no nos conocemos es posible vivir en la vigilia.

La agudeza de despertarse intranquilo produce los más bellos pensamientos.

“¿Es imaginable un ciudadano que no posea un alma de asesino?”