Juana, dime lo que miran tus ojos, dime si surgen de algún lugar oscuro las imágenes que quedaron dormidas en los rincones de tu memoria.
Juana, dime si la luz iluminó algún recuerdo; ¿puedes oírme, Juana?
— papá murió—.
Es cierto, Juana, es cierto y sé que no es fácil aceptarlo. Yo también lo extraño, pero sé que su espíritu sigue vivo en nuestro corazón y en el recuerdo de todos los que lo amamos. La muerte no es el final, sino un comienzo en otro lugar. Y aunque no podamos verlo ni tocarlo, su presencia siempre estará con nosotras. Así que no te rindas, Juana, sigue adelante con la certeza de que tu padre siempre estará contigo, susurrándote como los ecos guardados por la yerba y guiándote como si fuera las piedras del camino. Y cuando llegue el momento, podrás reunirte con él de nuevo en un abrazo. Pero ahora no te alejes, Juana, no te vayas. Quédate conmigo y juntas recordaremos esas mañanas cuando ibas con tu padre a recorrer la ciudad, y luego nos llevaba a desayunar café con leche y pandebono en esa panadería que tanto nos gustaba.
— eso ya no importa, Juana, papá está muerto y ya no quiero oírte—.
Sí, es cierto, papá murió, pero yo sigo llamándote con la esperanza de que mi voz pueda atravesar la niebla que te envuelve. Quiero que sepas que no estás sola, que yo estoy allí contigo, luchando a tu lado contra ese enemigo invisible que nos acecha. Y aunque no quieras oírme, yo sigo hablando, susurrando palabras de aliento y de amor en tu oído, tratando de transmitirte mi fuerza y mi energía para que puedas resistir un poco más. Y finalmente, después de tanta angustia y toda la incertidumbre, logremos vencer juntas a ese enemigo. Y tú vuelvas a ser la Juana de siempre, la que ríe y canta y baila, la que ilumina con su presencia la vida de todos los que la rodean. Desde que papá murió, desde entonces, te llamo con más fuerza y con más cariño, sabiendo que siempre estaré a tu lado para protegerte, para hacerte sentir que nunca más estás sola. Y aunque no quieras oírme, Juana, mi Juana, seguiré hablando contigo. Porque, aún cuando la muerte haya borrado todo lo demás, yo seguiré viva, acompañándote en cualquier lugar. Y aunque te acerques a la oscuridad, prometo que te llevaré hacia la luz. No te dejaré sola, ¿recuerdas, Juana?, juntas recordaremos el camino de regreso a esos días felices.

